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miércoles, 21 de agosto de 2013

Paro agrario contra la Resolución 970 de 2010 del ICA

Esta sola es razón suficiente para hacer un paro agrario, que va¡ un paro nacional generalizado.

La Resolución 970 de 2010 del ICA, tiene que ser anulada y sus firmantes procesados por traición a la patria, al pueblo, a la nación que les paga.

La resolución en cuestión regula una cantidad de elementos a quienes aspiren a tener la condición de productores de semillas certificadas y establece parámetros tan exigentes para que solo grandes empresas (seguramente multinacionales) sean las únicas proveedoras de semillas.

Y va mas lejos catalogando de legales las semillas certificadas y por ende dejando las demás en condición de ilegales, es decir, llevando a los campesinos a la categoría de delincuentes por poseer semillas de su propia cosecha, por vender o regalar semillas a sus vecinos, por compartir su genética, su cultura, su tradición de cooperadores expontaneos.

Una cosa es la semillas certificada, las semillas genéticamente modificadas que cada uno verá si las compra o no (y que deberían estar marcadas como tales al igual que los productos que salen de ellas) y otra muy distinta las semillas de la tradición campesina de extracción humilde, natural y abonada con el buen sudor de nuestros ancestros.
No hay derecho.


 

12 Ago 2013 - 10:11 pm El Espectador.

Tener una semilla es un delito: la nueva dictadura alimentaria

Por: Dharmadeva

Hace ya décadas estaba pronosticado que llegaría el momento en que tener una semilla sería un crimen. Parecía ciencia ficción imaginar que un campesino no podría guardar semillas para la próxima cosecha, como lo había venido haciendo por milenios. Sin embargo, es un hecho.

Después de la firma del TLC con los Estados Unidos y de la expedición de normas como la Resolución 970 del ICA, la Policía Nacional, siguiendo las instrucciones de los funcionarios del ramo azuzados por las multinacionales dueñas de las semillas, ha comenzado a maltratar a campesinos y agricultores, a arrojar toneladas de comida al basurero y a penalizar a quienes no sirvan los intereses de los nuevos dictadores de la alimentación. El documental de Victoria Solano en youtube, que me impulsó a escribir esta columna, es una denuncia aterradora. Si el campesino enfrenta el monopolio de las corporaciones y guarda sus semillas «patentadas», se va para la cárcel o paga enormes multas. Estamos en las manos de las multinacionales y de lo que quieran meternos a la boca, a los precios que quieran.
Nuestros dirigentes, ciegos codiciosos, optaron por proteger una docena de semillas extranjeras genéticamente modificadas antes que proteger el patrimonio de miles de semillas que habían sido descubiertas o adaptadas y amadas por siglos en América. Y nunca les contaron a los campesinos que esto les sucedería a menos de un año de la firma del TLC, ni los prepararon para la catástrofe.
Y después pretendemos que haya paz en un país que deja a sus cultivadores en la inopia. Un exembajador con rabo de paja se atreve a decir que «Hay actores que sueñan con una Colombia sujeta a un modelo económico arcaico que impondría restricciones que limitarían severamente el desarrollo agropecuario». Ese modelo “arcaico”, sin embargo, ha logrado en la historia de la agricultura cientos de miles de semillas que los neoliberales querrían convertir en tres o cuatro: maíz de los matones de Monsanto, arroz, algodón y soya de Syngenta o Dupont. Con estas simientes y sus inseparables agrotóxicos, quisieran sembrar sus tierras de la altillanura, como le está pasando a la «República Unida de la Soja» en el Cono Sur. Nunca la humanidad había arrojado al agua y a las tierras tantos venenos juntos, ni deforestado así las selvas en nombre del “desarrollo agropecuario”.
Y esta sacrílega manera de patentar la vida se escuda en la mentira que nos venden de la seguridad alimentaria. Los medios se encargan de seguir diciendo que las nuevas semillas «mejoradas» dan más rendimiento y podrán alimentar a la creciente población del mundo. Pero estudiando la revolución verde vemos que la aseveración es falsa y hay granjas de agroecología que demuestran que rinden más las semillas colectivas logradas a pulso por los conocedores de la tierra y sus frutos en milenios de trabajo con la tierra, que las semillas privadas de los nuevos dictadores. ¡Hay que pelear de nuevo por las semillas libres!

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